Olivier Laignel Salzmann - Charla UB - Parte 1

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Olivier Laignel Salzmann y Alejandro Charosky

Extractos de la charla dada en la Universidad de Belgrano del 25 de Octubre de 2001

Parte 1: La enseñanza del Sr. Gurdjieff

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Olivier Salzmann:

Voy a empezar a hablarles del significado que le de da el Sr. Gurdjieff a la enseñanza de la vida. Yo creo que vivimos en una época donde estamos muy ocupados, hasta agitados con la necesidad de ganarnos la vida. La situación económica es mala, cuesta ganarse la vida bien. Uno sale de su casa y entra en lo que los norteamericanos llaman the rat race, que es la carrera de ratas, en cierta forma, da a un ambiente más o menos hostil.

Toda esa energía se gasta en la persecución de una cierta seguridad. De vez en cuando uno está cansado o aparece una crisis en la vida de uno o con un familiar. Uno se pregunta de repente: ¿eso es todo?, ¿cual es el sentido de la vida?, ¿qué más hay? Es una pregunta que, por supuesto siempre ha existido. Las religiones proveen una contestación. En la época actual las religiones piden que haya un mínimo de fe. Pero es difícil tener fe porque estamos en una época muy racional, donde lo que manda es la ciencia, los conocimientos científicos. La ciencia explica y describe el universo. Y la posición del hombre en el universo no le da un significado especial. Es el universo creado por el Big Ban. Una vez empezado todo continúa, se forman las galaxias, se forman los sistemas solares, se forma la tierra. Aparece la vida debido a las condiciones existentes, por azar por accidente o una forma inevitable, ya las condiciones estaban dadas. La vida evoluciona a través de la selección natural, del darwinismo. Y aparece un ser pensante, un ser con conciencia que tiene la capacidad de preguntarse cuál es el significado de la vida. Pero la ciencia no le contesta, es como si todo ocurre, no hay una razón de ser.

Si yo vivo en un universo que no tiene una razón de ser, si yo vivo en un universo accidental, ¿qué importancia puede tener tampoco mi vida?, es difícil concebirlo.

El universo que describe el Sr. Gurdjieff un universo muy complejo, muy difícil de resumir y de explicar, pero es un universo viviente. Y es un universo en el cual existen niveles, donde existen desde el absoluto, que es el nivel más alto, hasta la luna, que en su esquema es el nivel más bajo. Existen niveles que tiene que ver con la calidad de la energía presente. Dice, como Einstein, que todo es energía. Energía y materia son transferibles una a otra. Hay energías más materializadas y energías menos materializadas. En eso, él describe como niveles. A cada nivel el ruedo de energías, crea formas, crea lo que se puede ver. Pero las energías en sí no se pueden medir, ver. Los seres humanos podemos sentir algunas, a veces, y no necesariamente podemos diferenciar entre diferentes cualidades sin un entrenamiento. En ese universo que describe hay dos corrientes de energía básicas. Una es la energía que baja desde lo más alto, desde el absoluto, desde dios. Es una energía creativa en su origen. Va materializándose, pasando por cada nivel, va haciéndose más material, de menor calidad. La otra es una energía que tiene que ir en dirección contraria. Empieza con una energía muy material, muy densa. Se va afinando y va en la dirección contraria. Eso es muy importante porque no sólo la vida orgánica, sino el papel del hombre, específicamente, como un transformador de energía.

Como todos los animales, como toda la vida orgánica, uno transforma energía en el sentido descendente sin hacer ningún esfuerzo. Uno es utilizado por la naturaleza para producir lo que el Sr. Gurdjieff llamaba alimento para la luna, energía material. Para producir la energía opuesta, que va en sentido ascendente se requieren esfuerzos. No ocurre por sí mismo, no es automático. Para darles un ejemplo, cuando hablamos de energías emocionales, podemos darnos cuenta que emociones relacionadas con la rabia, con el egoísmo, con la tristeza o la depresión o la ira son energías densas. Y otras energías como la compasión, la paciencia o el amor pueden ser energías más vibrantes, mas finas. Uno siente la diferencia. Y uno sabe que es difícil que si alguien se me acerca con rabia, contestarle y darle bondad. Uno sabe que requiere un esfuerzo. Esa transformación es un poco de lo que habla el Sr. Gurdjieff. No sólo emocional, sino a muchos niveles. Él dice que el ser humano está a representación de dios o si uno quiere a representación del universo. También tiene muchos niveles. La tristeza es que esos niveles, para la mayoría de los seres humanos, permanecen a niveles potenciales. Porque uno está viviendo a nivel automático. Ahí describe al hombre como una máquina. Una máquina que es como un computador muy sofisticado. Que tiene su condicionamiento genético. El tipo del computador depende de la genética, de la influencia planetaria cuando uno nació. Después hay una programación, que la educación instala en esa máquina. Y lo difícil es darse cuenta hasta qué punto estamos programados, darse cuenta hasta qué punto todas nuestras acciones, creencias son reacciones programadas a lo que ocurre dentro de nosotros o fuera de nosotros. No es siempre evidente, porque la programación puede ser desde la pequeña infancia, y respondo siempre de una manera y me doy cuenta que no puedo responder de otra manera. Darse cuenta de eso es necesario para buscar cambiar. Porque uno no necesariamente tiene que quedarse siendo una máquina. Además del condicionamiento vivimos, de acuerdo al Sr. Gurdjieff, dormidos. Lo que llamamos estar despiertos, conscientes es, en realidad, un estado de sueño.

Estamos constantemente con nuestra atención tomada por algo, identificada con algo. Constantemente nos olvidamos de nosotros mismos. Es muy difícil, requiere un aprendizaje el desarrollar una atención con la cual yo puedo a la vez estar atento a lo de afuera y a la vez permanecer atento a lo que pasa dentro de mí.

Si no me doy cuenta, no estoy plenamente vivo, no estoy despierto. Yo creo que todo el mundo en su vida ha tenido momentos de despertar. En momentos de crisis en los que realmente uno está alerta. En los que uno se da cuenta de los colores, de los olores, de los sonidos de una forma totalmente diferente. Y queda en la memoria de ese momento como un hito que uno vivió realmente. Eso es estar despierto.

Ahora, ¿cómo despertar voluntariamente? Primero, darse cuenta de que estoy dormido. Es necesario observarse, un entrenamiento de mi atención de diferentes maneras. Y para eso está diferentes caminos, diferentes escuelas, entre las cuales está la del Sr. Gurdjieff. Él aporta un mensaje de optimismo en el sentido de que es posible cambiar, crecer. Es posible no solamente desarrollar mi saber, sino desarrollar mi ser. Uno de los obstáculos principales es que todo el mundo quiere, desea adquirir saber, crecimiento. Pero lo que casi nadie quiere hacer es primero darse cuenta de que uno no sabe mucho, de que uno no puede mucho. El arriesgar las ilusiones que yo tengo sobre mí –y que me proporcionan una cierta seguridad-. Mientras yo me pregunte demasiado ¿quien soy yo? y ¿por qué vivo?, vivo como si lo supiera. El empezar a preguntarse de esa manera desequilibra, hace caer ilusiones. Son pocas las personas que están dispuestas a arriesgarse de esa manera. Es la razón principal por la cual una búsqueda espiritual nunca será una búsqueda para todo el mundo. A decir verdad, hay gente que está muy satisfecha con su propia vida. Yo quisiera haber quedado satisfecho en algún punto, porque buscar no es fácil.[/pt_text][pt_text color=»#000000″ css_animation=»fadeInDown» css=».vc_custom_1442920449110{margin-top: 10px !important;margin-right: 10px !important;margin-left: 10px !important;padding: 10px 30px 20px !important;background-color: rgba(255,255,255,0.8) !important;*background-color: rgb(255,255,255) !important;}»]

Alejandro Charosky:

Siento una dificultad para transmitir conceptualmente la enseñanza del Sr. Gurdjieff, dado que la forma de transmisión va más allá de lo intelectual. Lo que puedo comunicar es algo más cercano a un sentimiento, a una percepción, que a una certeza intelectual.

De las ideas que se han expuesto hoy aquí, lo que siento es que apuntan a que la enseñanza del Sr. Gurdjieff es una provocación, un reto, un desafío, no un cuerpo de doctrina que se pueda transmitir intelectualmente. Sólo la experiencia del Trabajo es la que permite un acercamiento.

No se si a ustedes les ha llamado la atención de que en el curso de esta charla se lo mencione como “el Sr. Gurdjieff”. Por lo menos a mí, al principio me llamó la atención porque era una manera de denominarlo que escuché de aquellos que habían sido sus discípulos o de los viejos de los grupos. Era un símbolo de respeto. Un respeto profundo, esencial. Algo a lo cual no estoy acostumbrado.

Mi vida transcurrió en una realidad donde el respeto, casi diría hacia todo, se ha ido perdiendo gradualmente. No respetamos a los otros, no nos respetamos a nosotros mismos. Todo da igual. En un mundo dominado por lo material, por el poder del dinero, éste es el real objeto de respeto. El resto, la integridad, la sabiduría de los mayores, mi propio ser, y tantas otras cosas, no se respetan.

Pertenezco a una generación que se expresó, en una de sus formas, en Mayo del 68. Una generación iconoclasta, que cuando terminamos el proceso de derribar los íconos de lo establecido, lo que encontramos, es que habíamos perdido el significado.
El significado entendido como quiénes somos, como qué sentido tiene nuestra vida.

Paralelamente el desarrollo de las formas sociales en los últimos 50 años, nos muestran una realidad signada por la predominancia de lo material como valor absoluto. La ley general es la acumulación. Todo se pesa, se mide, se acumula.
No nos damos cuenta que somos pesados, somos medidos, somos acumulados, por fuerzas ajenas a nosotros. No somos los dueños de nuestra vida.

En este nivel hay tres elementos determinantes con los que intentamos mantener la ilusión de que somos dueños de nuestra vida.

• La primera es el control: Creemos que controlamos nuestra vida, pero en el fondo de nosotros mismos sabemos que es incontrolable.

• La segunda es el hacer: ¿Cuántas actividades desarrollamos para tapar la sensación de vacío existencial?.

• Y la última es el lograr: Somos en cuanto logramos, somos en cuanto obtenemos resultados.

No me refiero exclusivamente al dinero. Podemos acumular, poder, conocimiento, u otras cosas; pero todo es acumulación, en este nivel al que podríamos llamar de la cantidad.

Si siento que este nivel no me alcanza, que hay un vacío en mi vida, entonces hay un buscador en mí. Para tratar de llegar a otro nivel, a buscar el significado, necesito moverme en otra dirección. El respeto y el significado van de la mano. Necesito un respeto orientado en dos direcciones: hacia mí y hacia el universo. Y así estaré orientado en la búsqueda de un significado.

En nuestra vida cotidiana, encontramos en algún momento íntimo, particularmente en aquellos de crisis, las preguntas ¿quien soy?, ¿qué sentido tiene mi vida? En general no nos quedamos abiertos hacia la pregunta. Hemos aprendido que lo fundamental es dar respuesta. De cualquier tipo que sea. Desde aquellas que niegan la pregunta, a las que le explican de manera espiritual. No es sólo por un tema cultural. Toda nuestra vida, es un dar respuesta a los requerimientos internos, a nuestras propias exigencias y a las de todos los roles que desempeñamos en nuestra vida. No nos podemos mantener en pregunta. Si lo hiciéramos, encontraríamos una energía muy especial.
Este es uno de los tesoros que hay en el pensamiento del Sr. Gurdjieff.

Quiero hablar de algunas de las características de la enseñanza.

El Sr. Gurdjieff decía que esta es una escuela del cuarto camino y que una de sus características es que aparece y desaparece históricamente. Tiene un fin que cumplir, lo cumple y desaparece. Al contrario de la mayoría de nuestras instituciones, lo institucional en nuestro trabajo no tiene tanta relevancia. A veces la propia institución es contraria al trabajo interior.

También podemos ver la enseñanza como una búsqueda de la verdad. Una verdad para mí mismo, que puedo validarla desde un acto de comprensión. En realidad esto es un elemento muy rico de la enseñanza del Sr. Gurdjieff: solamente lo que yo comprendo en acto tiene verdadero valor. No una comprensión intelectual sino aquello que puedo validar desde mi propia experiencia. Por eso decía “no crean en nada de lo que yo digo”.

Otra característica de este trabajo es que no hay ni normas ni ritos. No hay tradiciones de cuerpos doctrinarios. Ni siquiera hay verdades enunciadas, aunque sí hay ideas. Pero estas ideas no son meramente intelectuales. Poseen una energía muy especial que han permitido que se transmitan a lo largo del tiempo.

No es una escuela de filosofía. Lo que interesa es una práctica. Sólo en esa práctica se puede abrir mi comprensión. No en un sostener o explicar una idea filosófica. La meditación es una parte de este camino pero la meditación en tanto se viva con el acto. En tanto el silencio de la meditación permite llegar a una comprensión que se abre en el acto.

Para terminar este breve esbozo quiero leerles un poema de René Daumal, que creo que representa este trabajo:

“He muerto porque no tengo deseos.
No tengo deseos porque creo poseer.
Creo poseer porque no trato de dar.
Al tratar de dar me doy cuenta que nada poseo.
Al comprobar que nada poseo trato de darme yo mismo.
Al tratar de darme yo mismo comprendo que nada soy.
Al ver que nada soy deseo llegar a ser.
Al desear llegar a ser, se vive”.

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